TESINAS PROMOCIÓN 2010-2012    
Promoción 2012-2015    

César
Gutiérrez de Salamanca Sierra


Directora de Tesina
María López Zubicaray
Axióloga

 



“Profe, yo sé quién soy”
(Aportaciones de la Biogestalt
a una Educación para el Ser)

“Cuando los docentes no somos capaces de ver que, año tras año, repetimos las mismas quejas; cuando, año tras año, seguimos diciendo que son los demás los que
se equivocan; cuando nos limitamos, año tras año, a culpar a otros de no adaptarse
lo suficiente a nosotros, recomenzamos el nuevo curso en la cúspide de la desconexión y le damos una vuelta más al círculo vicioso de nuestra neurosis.
Y si los profesores no tomamos conciencia de que somos un colectivo neurótico que
precisa de su sanación individual y grupal antes de atender a nuestros alumnos, jamás comprenderemos que éstos no podrán aprender por sí mismos lo que nosotros no hemos aprendido aún. Porque los principales problemas de aprendizaje
-digámoslo una vez más a voz en cuello- tienen que ver más con problemáticas emocionales -individuales y grupales- que con dificultades cognitivas o epistemológicas.”

Por ello, esta tesina se basa en dos máximas que estos años de Formación en Biogestalt han aportado a mis propios cuestionamientos sobre la importancia del Trabajo Personal del profesorado:
1. Una Educación para el Ser no es ningún capricho de ningún docente; es una necesidad del alumnado.
2. Un docente sólo podrá acompañar sanamente a sus alumnos por el mundo del Ser tanto como él o ella haya avanzado.
En suma, las posibilidades de ofrecer a nuestros alumnos una feliz Educación para el Ser pasan por nuestra propia capacidad de ser felices.

La tesina está planteada en tres bloques que se corresponden con las fases de todo proceso terapéutico:
El primero, la Auto-observación de la Oruga, hace un recorrido por la etiología y la tipología del carácter docente.
Decía Oscar Wilde en El Crítico como Artista que hace falta amar mucho algo para criticarlo de verdad. Toda la tesina en general, y este bloque en particular, nacen de mi amor por la profesión de docente. Es movido por ese sentimiento por lo que he asumido la osadía de hacer las críticas que contiene. Y su objetivo es el mismo que el de la terapia Biogestalt: transformar la máscara de la autojustificación, que repite una y otra vez las mismas dolorosas conductas, en una consciencia sana capaz de responsabilizarse de adoptar comportamientos más felices.
He tratado de dibujar algunas pinceladas sobre el origen de la neurosis del docente, sobre qué fue lo que le faltó. El carácter, recordemos, es la estrategia de compensación que creamos para esa carencia. El docente, como cualquier otro neurótico, trata de compensar la falta de cuidados de su mundo emocional, masacrado por la continua exigencia de automatismo intelectual y el férreo sometimiento de sus instintos corporales. Y para un ser humano cuya supervivencia consistió en esas fuertes dosis de desconexión, el contexto de trabajo del centro educativo es una continua amenaza. Cuando escucho tanta crítica despectiva hacia
los docentes, me pregunto si quienes las hacen tienen la menor idea de la bomba de hormonas que es un aula de escolares. Parece que fuera necesario llegar a los casos de agresiones físicas a docentes por parte de alumnado y familiares para entender el clima que se vive en la mayoría de nuestros centros de enseñanza. Y está claro que, en un ambiente amenazante, los mecanismos de defensa tienden a agravarse.
Aclarado esto, redundo en que mi propósito, lejos de justificar las insanas conductas que los docentes desarrollamos en el ejercicio de nuestro trabajo, pretende precisamente lo contrario: poner algo de luz sobre nuestras distorsionadas maneras caracteriales de afrontar los retos de nuestra profesión.

El segundo bloque, la Metamorfosis de la Crisálida, aplica a la figura del docente el
trabajo de transformación personal que la Biogestalt propicia en su Formación terapéutica.
Y todo ello desgranando varios cuestionamientos que me parecen tan necesarios como irrenunciables: ¿Dónde están los límites entre una Educación para el Ser que permita al alumnado su autoconocimiento y un trabajo de terapia con jóvenes en un aula? ¿Tenemos derecho los profesores a remover el mundo interior de nuestros alumnos? ¿No estamos traspasando el rol de profesores para convertirnos osadamente en pseudopsicólogos? ¿No somos irresponsables por revolver el alma de nuestros alumnos sin tener completa capacidad, ni tiempo, ni espacio en la escuela para resolver las consecuencias de esa revoltura?
Es muy importante recordar que cualquier etapa de la vida nos plantea retos que, en función de nuestro autoconocimiento, gestionamos con mayor o menor grado de felicidad. Pero, en el caso que a mí me ha tocado conocer profesionalmente (la adolescencia del alumnado de Secundaria), las crisis personales por los cambios fisiológicos y la evolución psicológica son brutales. Los jóvenes de esta etapa madurativa se enfrentan a todo tipo de conflictos personales: desarrollo hormonal, afirmación de la personalidad, orientación y experiencias afectivo- sexuales, sumisión y/o rebeldía ante las figuras parentales, desestructuración familiar, vocación profesional, plan de vida... Nuestro alumnado, por lo tanto, tiene esas necesidades y así lo hace saber con sus demandas de apoyo. Y la mayoría de conflictos que generan nuestros jóvenes son eso: demandas de atención y apoyo. Lógicamente, en favorecerles esa ayuda y en no forzarla ni negarla radica la delgada línea que separa a un docente psicológico -en su sentido etimológico de “conocedor del alma”- de un docente pseudoterapeuta o de -no digamos ya- un docente que pasa olímpicamente de los problemas emocionales de sus alumnos.
El primero estimulará la auto-observación de su alumnado a través de actividades y dinámicas que le ayuden a conocerse, respetará que sus alumnos profundicen en ellas tanto como libremente quieran y aprovechará las inquietudes que les surjan para ayudarlos a desarrollar su autoestima y sus propios recursos de autoayuda. En suma, los ayudará a “ser”.

Un docente sano propicia que sus alumnos descubran quiénes son por sí mismos, al ritmo que ellos son capaces de asumir y según las necesidades que se les manifiestan en su interior. Un docente sano no confunde las necesidades de desarrollo de sus alumnos con las que le crea a él o ella su propio ego, pues un docente sano... conoce su propio ego.
Por lo tanto, el Trabajo Personal del profesorado no sólo es una necesidad para poder guiar a su alumnado hacia su libre e integral desarrollo; es también la manera de vivir con mayor satisfacción su apasionante tarea de educar.

El tercer bloque, la Libertad de la Mariposa, da cuenta de cómo han sido adaptadas
a la Educación Secundaria varias herramientas de la Formación en Biogestalt y Dinámica Grupal y cuáles han sido la finalidad y el resultado de su uso.
Se trata de ejemplos prácticos que muestran cómo los principios de la Biogestalt pueden inspirar un trabajo educativo que fomente en el alumnado el desarrollo y la armonización de sus centros intelectual, emocional y corporal. Todos los ejercicios y proyectos que se exponen tienen como característica común la inclusión del mayor trabajo corporal posible en el aula. Y ello con una doble intención muy clara: potenciar la auto-observación del alumnado sobre su cuerpo y favorecer la fluidez de sus emociones. Se ha incidido en estos aspectos con un objetivo obvio: revertir la rigidez progresiva que un sistema educativo tradicional va infligiendo en el desarrollo de las corazas musculares de los jóvenes, produciendo el bloqueo de la energía que moviliza y expresa las emociones.
Nuestra sociedad nos da cotidianamente una infinidad de ejemplos de graves neurosis relacionadas con un monopolio intelectual que, progresivamente, constituye el único y excluyente objeto de desarrollo en los alumnos, sobre todo a medida que suben en el sistema reglado de enseñanza. Mi propósito, por lo tanto, ha sido equilibrar esa limitación fomentando todo lo posible el trabajo con el cuerpo en las tres materias a mi cargo: Lengua Castellana y Literatura, Literatura Universal y Prácticas Comunicativas y Creativas. Ello no significa de ningún modo desatender el trabajo intelectual, sino redimensionar y reajustar su enorme importancia. Se trata
de estimular el desarrollo de cada centro de manera acorde a su naturaleza.

El cuerpo actúa, moviliza sus intuiciones, percibe, se carga energéticamente, activa sus instintos, manifiesta la realidad. Las emociones orientan la energía hacia los procesos y las necesidades que nos conectan sanamente con nuestra propia vida y con los demás. El intelecto analiza, reflexiona, comprende, toma decisiones, comunica, crea, nos hace conscientes.
Por todo ello, cada actividad de las que se exponen ha pretendido alimentar la interrelación de los tres centros. Tal y como se detalla en cada una, el objetivo ha sido siempre el mismo:
Crear experiencias de autoconocimiento; que el alumnado conozca su cuerpo, sus emociones y su intelecto; que cada joven sienta el deseo de saber quién es y de ser quien se siente ser.