TESINAS PROMOCIÓN 2010-2013    
   

CRISTINA DE JUANES ASENJO
Directora de Tesina:
Elda Martín

¡ARRÁNCATE FLACA!
Vive y baila, consciente
y a compás
.

Cuando decidí hacer esta tesina sobre Biogestalt y Flamenco, la intención era hablar del abordaje terapéutico, cogiendo los principios de la Biogestalt y aplicándolos al flamenco, siendo éste la herramienta terapéutica que nos llevara al darnos cuenta del darnos cuenta.

Comencé plasmando semejanzas y similitudes entre ambas disciplinas. Después continué escribiendo sobre como los principios biogestálticos se pueden llevar a cabo tras hacer una apertura con el flamenco. bla, bla, bla. Esto no me terminaba de motivar, estaba haciendo un esfuerzo en una dirección no útil, yo misma me aburría y por tanto, ¿a quién le podía interesar?

Para volver a encontrar la razón por la que me había decantado a hablar de este tema, comencé a escribir sobre mí, sobre mi proceso y sobre lo que una y otro, la Biogestalt y el baile, me habían aportado, porque yo lo sabía, pero en ese momento no lo estaba transmitiendo. Al hablar desde mí, desde mi vivencia, todo volvió a tener sentido. Una cosa me llevaba a la otra y fueron saliendo así los pilares biogestálticos que me llevaron al despertar, al estado de consciencia y, de este modo, la tesina cogía forma y sentido, tenía fondo.

Lo primero que apareció fue la palabra autoconfianza. Ahí estaba la clave de mi proceso personal, y de ahí me surgieron dos preguntas:

?Cómo fue el Trabajo de recuperación de mi autoconfianza?
?En qué intervino mi baile?

De aquí devino todo lo demás. Esta pregunta se contestó en un primer momento con tres palabras: realidad, motivación y movimiento. Primeras claves que me llevaron al círculo psicodinámico de realidad-locura, mi realidad flamenca. Encontré la primera explicación a lo que buscaba: bailar y sentir el flamenco hace que esté en el presente, que tenga atención y esto me lleva a la autoobservación. Bailando es el centro motor el que ejerce este trabajo, la concentración, la memoria corporal que requiere, la vibración que se crea en el cuerpo, el sonido a compás y la visualización, hacen que estos momentos, únicos para mí, lleguen a ser meditativos y como dice Antonio Asín: "La meditación es la terapia por excelencia".

Mi realidad flamenca está llena de motivación, de ilusión y con ellas mi autoestima crece y mi autoconfianza vuelve, siento mi presencia. Con ella canalizo mi energía para no huir de la realidad, para no distorsionarla y surge el acto creativo del baile y mi expresión es sana y estoy armonizada porque a través de un trabajo de atención, mi mente, mis emociones y mi cuerpo caminan en la misma dirección. Cuando esto me sucede estoy más cerca de encontrar el duende, la magia del flamenco, que no es más, ni menos, que el compromiso interno, el arte de vivir comprometida conmigo misma y con lo que hago, la responsabilidad interna de ser yo misma, con menos trampas, con menos yoes. En este momento, la locura sana, parte de la motivación de seguir viviendo y seguir bailando y esto me lleva al riesgo, a atreverme a aprender cada día cosas nuevas, a intentar pasos cada vez más complicados, a poner atención en mis dificultades, a seguir aprendiendo a compás y a emocionarme cada día con la música flamenca. Porque ponerme retos es lo que me hace sentir viva. Permitirme el riesgo, siempre que mis pies sigan percutiendo el suelo.

Asumiendo el riesgo que esto conlleva, decidí escribir sobre mis pasiones. Si en mi proceso terapéutico hubo un momento crucial, ese fue el primer contacto con el Eneagrama y si soy sincera, todos los contactos posteriores también. Ver mi eneatipo fue una dura lucha interna. Dar un paso más para  comprender mi orgullo no fue tarea fácil.

Lo más revelador, lo que me hizo darme cuenta de mi eneatipo fue el recuerdo del movimiento por él. Salida y huída, fueron un continuo vaivén durante años. No hubiera visto mi orgullo, si antes no hubiera visto los saltos que daba por el movimiento de salida y huída. En el fondo uno y otro lo interpreto de la misma manera, las dos caras de la misma moneda, saliera cara o saliera cruz, lo que buscaba era la intensidad. No sé si decir que la intensidad emocional (la envidia) me llevaba a la intensidad en la acción (la lujuria) o si era al revés.

Lo que sí tengo claro es que mi eneatipo estaba soterrado y a la vez era lo que me llevaba a este movimiento. Cuando mi necesidad de recibir reconocimiento externo para sentirme bien internamente no funcionaba y la sensación de vacío y soledad me invadían, buscaba la solución haciéndome más fuerte, era una demostración tácita, sobre todo ante mí, de que no necesitaba nada ni a nadie. A la vez, la ira y la acción desmedida me hacían tener culpa y vergüenza de mis actos y por ello entraba en el mundo intenso de mis emociones. Culpa y no culpa. Sensibilidad, insensibilidad. La impulsividad de no pensar, llevada a la acción para no sentir.

Hablar en esta tesina de cómo bailo y por qué bailo me ha ayudado a reconocer mi orgullo y a ver mis rasgos, pero no quedarme en lo que me limita. A través del baile he logrado verlos en positivo. Tomar conciencia de en qué me ayuda ser orgullosa para ser bailaora y en qué me ayuda ser bailaora para poder cambiar la percepción sobredimensionada de mí misma y ser más humilde.

Para dar este giro de ciento ochenta grados, mi aliada (la vanidad) me ha apoyado para encontrar la eficacia y la justa medida y esto me ha dejado ver mi sombra (la ira) y positivarla. Por otro lado, aceptar mi imperfección y la del /a otro/a  me hace ser menos rígida, menos autoexigente.

Tras esta comprensión de mi eneatipo y la reconciliación con quién soy, pude hacer un viaje al pasado, a mi infancia y mi juventud, sin vergüenza, sin culpa, sin juicio, valorando mis fortalezas y mis debilidades. El baile estuvo presente entonces y está presente ahora, ha sido el hilo conductor de mi vida, cuando ha estado y cuando ha faltado, todo tiene una lógica y una explicación. Ahora está presente, porque me reencuentra a cada paso, a cada coreografía y a cada palo que bailo, con la mujer que soy.

Esta mujer anda tras la búsqueda del placer y para ello, no quedó otra opción que hacer un recorrido por sus derechos danados, recordar los momentos de frustración y privación. Vuelvo a hablar desde mí y digo, una vez más, que el baile me ayudó a recordar y a darme cuenta de que:

-- Cuando en el escenario transmito fuerza y seguridad, yo me doy al público y el público se da a mí. Dependencia nutritiva.

-- Cuando salgo al corro flamenco con espontaneidad, encuentro que hay un hueco para mi y que soy aceptada por los/as demás flamencos. Derecho a la vida.

-- Cuando salgo al escenario autoafirmada diciendo: "!qué! !aquí estoy!" No hay contención y me expreso libremente.

- Cuando en el escenario saco mis emociones sin que ello sea síntoma de debilidad, mi libertad de movimiento me da presencia y me relaciono con firmeza e independencia.

-- Cuando en el escenario dejo ver el placer que siento bailando, pierdo el miedo a mostrarme, expreso mis sentimientos y me entrego al público.

Una vez más, la vivencia, la experiencia y el centro corporal me han llevado a un trabajo útil. Comencé por mí, recordé, escribí, me fui al pasado, volví al presente, vi fotos y videos de cómo era antes mi baile, mi cuerpo, mi cara y otra vez, mientras escribía, me ponía los zapatos y presenciaba cómo era el de ahora, a qué emociones me dirige, cómo es ahora mi expresión, mi cara, mi cuerpo, cómo lo vivo. Si no podía explicar alguna terminología, me volvía a poner los tacones y a golpe de tacón si tengo recuerdo de sí. Escuché de nuevo las músicas que me despiertan esas emociones, rememoré vergüenza, culpa, grandeza, humildad. y de ahí salió el acto creativo, espontáneo y original.

Esta tesina es mostrarme, es transparencia, es compromiso interno. Es un acto de egoísmo interno que me ha hecho crecer y avanzar.

Una vez más no tengo dudas de que éste es el camino, mirar hacia dentro para llegar a la comprensión. El proceso como paciente, como alumna, tenía que cerrarse haciendo observación de mí.

Tras este proceso de autocomprensión, sí puedo hablar de cómo sería la intervención biogestáltica flamenca y el primer objetivo cuando me planteé el tema de la tesina volvió a surgir. Por ello, el último capítulo va dirigido a los/as demás.

Cada palo flamenco nos lleva a una emoción básica, a distintas sensaciones e impresiones, a un rol, a los yoes y a tocar los derechos danados. La tonalidad de cada uno de ellos, su cadencia, su compás, sus letras nos apoyan en el Trabajo.

La comprensión de mí y la experiencia de lo vivido, a nivel terapéutico y como bailaora, me llevan a intuir por dónde guiar al/a otro/a en la bonita tarea que está por llegar, la de terapeuta flamenca.

Lowen dice: "La persona cuyos movimientos no se encuentran limitados por una tendencia muscular crónica poseen una gracia natural. Esta gracia es el resultado de una perfecta integración de la espontaneidad y del control".

Esta es la clave del flamenco. La gracia natural, el duende flamenco es vestirte con tu propio traje, integrando la técnica del baile y tu gracia flamenca, única e inigualable. Los/as flamencos/as lo saben, por ello se escucha en tantas ocasiones mientras alguien baile: "!Ole tu arte! !Ole tu gracia!"