TESINAS PROMOCIÓN 2010-2012    
     

ANGELINA TOICHOA

Directora de Tesina
María L. Zubicaray
Axióloga

De MUJER a MUJER... Mi encuentro con el espejo.

"No era la vanidad lo que la atraía hacia el espejo, sino el asombro al ver su propio yo. Se olvidaba de que estaba viendo el tablero de instrumentos de los mecanismos corporales. Le parecía ver su alma, que se le daba a conocer en los rasgos de su cara" “La insoportable levedad del ser” Milan Kundera

Hacer esta tesina, ha supuesto para mí, ante todo, un reto. También un comprometerme conmigo misma desde la honestidad. Un darme cuenta de aspectos importantes, una revisión, una sorpresa, bastantes resistencias y revolturas, pero sobre todo, mucha satisfacción, por mostrarme, ante mi misma, sin rodeos, ni trampas, ni engaños.

Ir escribiendo este trabajo ha sido duro en muchos momentos y gratificante en tantos otros. Lo he vivido como un cierre de una etapa, que quizás, ya se alargaba demasiado en algunos sentidos. También como un reconocimiento de mis logros y avances en este curioso camino que es la vida.
Me ha valido para darme cuenta de que tal vez, hace más tiempo del que pensaba, he dejado de lado mi victimismo y he sido capaz de mirar la vida de frente.

Mi encuentro con la terapia de Biogestalt ha sido una experiencia dura y al mismo tiempo gratificante. En un momento determinado supuso “mi caída en picado”. Todo se puso patas arriba dentro de mí, sin poder alcanzar a comprender nada en un principio. Todos mis esfuerzos por no tocar el dolor, no valieron para nada. Allí estaba, aterrador y siniestro y lo encaré. Poco a poco, tímidamente y también, si he de seguir siendo sincera - en ocasiones. En muchas ocasiones - huyendo de él, aún a sabiendas de que no valdría para nada.
La terapia me ha servido para encontrarme, para reconocerme, para aprender a ver mis potencialidades y también, mis “miserias”, para entender que el “son siempre los otros que no me comprenden” se había convertido en mi principal mentira. Mi no comprometerme conmigo misma y mi “pobrecita de mi” habían perdido fuerza, afortunadamente.

Me he enfrentado a mis limitaciones y he descubierto otras, que no sabía que tenía. He sentido mi fuerza y mi energía y me he dado cuenta de que “Sí puedo”.
He entendido mi funcionamiento, desde mi eneatipo también. Me ha resultado útil darme cuenta de mi envidia, mi drama, mi ira y mis fluctuaciones, mi relación con los otros en general y también como me comporto en mis relaciones amorosas.
Me he ido reconciliando con él (mi eneatipo) y siempre entendiendo que no soy un número. Soy una persona: Angelina Toichoa González. Una MUJER.
He visto cómo me descalifico y cómo descalifico a los demás. Cómo he buscado mas la intensidad que el permitirme sentir “lo que sea”.
He entendido de dónde vienen mis dificultades para aceptarme, para recibir un cumplido de manera positiva, para valorarme como mujer, mi negación rotunda a ser madre.

Con esto no quiero decir que me haya “iluminado” ni mucho menos. Sigo cayendo en las mismas dificultades. La diferencia está en que ahora, en algunos casos, me doy cuenta y consigo salir de ellas antes y en otros, de diferente manera de la que solía hacerlo.

Ha sido un trabajo enriquecedor y duro. Mi sensación es la de, como he repetido en varias ocasiones a lo largo de este trabajo: desnudarme.
He ido perdiendo el miedo a qué me juzguen, no me quieran, me rechacen… a sentir, casi, que estoy actuando, para ser la “niña buena” a la que nadie quiera dañar. He aprendido a poner límites y a expresar lo que me pasa emocionalmente, lo que ha llevado a que me de cuenta, de lo encarcelada que vivía antes en mí.
He sido consciente de las reacciones de mi cuerpo, que antes no atendía o no sabía hacerlo. Cuando se tensa, se relaja, se alegra, se entristece….
He aprendido a decir que NO.

No huyo de los espejos. Ahora me observo y me veo. Veo una mujer, con un cuerpo sano y un cuerpo, que puede ser deseable para otras personas.
Intento escucharme, pero de verdad, atender a mis necesidades y no intentar solucionar la de todos los demás primero.

Ha sido un trabajo enriquecedor el de estos años. Siento que he madurado, que he crecido como persona. Hubo un punto en el que dejé de sentirme como niña y comencé a vestirme con mi piel de mujer.

Soy consciente de que este es un camino que no acaba. Es un redescubrir y descubrir continuo. Con el tiempo me he dado cuenta de que una de las claves, es la aceptación de mi misma. El aceptar que tengo dificultades, limitaciones… y que puedo trabajarlas, pero siempre desde la aceptación, no desde la rabia, la exigencia y el “machaque”.

Esta tesina es una parte de mí y como tal, ha sido un poco inestable (y esto lo digo con mucho cariño hacia esas fluctuaciones mías). He tenido periodos de mucho trabajo, inspiración, lecturas… y otros de auténtica sequía. Lapsus grandes de inactividad. De autoengaño. Y aquí está. Mi trabajo. Mi compromiso. Mi revisión. Mi encuentro conmigo.
Diría más bien que ha sido una investigación, al tiempo que un diálogo interno que me ha brindado la oportunidad de estar conmigo realmente. De salirme de la exigencia (no siempre pero sí la mayor parte del tiempo) de cómo debía estructurarlo, si debía o no poner una letra de canción, una frase, algo que había escrito… y finalmente… salió mi tesina. Como una parte muy mía. Muy personal y en ocasiones, desgarradora. Una relación de “amor-odio” en la que, para mi satisfacción, ha ganado el amor. Mi trabajo en cierta medida, soy yo. Mis miedos, logros, funcionamientos, reflexiones, avances…
Se ha ido gestando recapitulando aspectos pasados y vivencias que sucedían al mismo tiempo que tecleaba en el ordenador. Ha sido mi confidente, mi revelación, mi amiga, que por el hecho de serlo, se toma la libertad y… ¡menos mal! de decirme aquellas cosas que realmente no quiero escuchar y también aquellas que me reconfortan.

Mi trabajo. Mi cierre. Mi tesina. Mi BEBÉ. Que me ha conducido de manera suave, fluída, sin saber en ningún momento hacia donde, pero intuyendo que hacia un lugar que de algún modo agradecería.

Esta revisión me ha llevado paradójicamente a una comprensión, que creo que tenía pendiente “limar” hacia mis padres. Lo que he escrito ahí está y así lo he sentido. Y hoy entiendo que lo hicieron lo mejor que pudieron y supieron. Que ellos a su vez tuvieron unos padres, que también así lo hicieron. No tengo el sentimiento de no haber sido, ni ser querida, porque no es así. Me quieren y me han querido y a día de hoy he aprendido a no tener una relación infantil con ellos, en la que lo que primaba es su reconocimiento. Tomo mis decisiones y comparto con ellos hasta donde yo quiero. Soy capaz de poner límites. Acepto, entiendo y respeto como son.
Han estado y están a mi lado, de la mejor manera que saben, cuando estoy alegre y cuando las cosas no me van bien y he aprendido a verlo y a agradecerlo también.

Se que tengo tendencia a querer lo inalcanzable, lo imposible sobre todo en las relaciones amorosas y también se y siento, que tengo derecho a tener a mi lado a una persona que me quiera y me desee y que tenga claro que quiere estar conmigo, aunque después esto no ocurra. No quiero relaciones tormentosas y dependientes. No quiero atarme a nadie a través del sufrimiento. No quiero “migajas” y tampoco lo quiero todo. Quiero y necesito una relación madura, igualitaria y honesta. No quiero depender de querer estar con alguien. He aprendido y me he dado cuenta de que se estar sola y que, no pasa nada. ¡Todo eran “fantasmas”! Quiero poder decir lo que quiero y necesito, quiero permitirme hacerlo.

Quiero disfrutar de mi cuerpo, del erotismo.
Quiero aprender a quererme como me merezco.
Quiero dejar a un lado la culpa, ese lastre pesado y cruel.
Quiero dejar de avergonzarme de mi sensibilidad y obligarme a camuflarla para no sentirme vulnerable.
Quiero perder el miedo a amar.
Quiero aprender a mantenerme firme en mis decisiones aunque los demás no me apoyen.
Quiero… VIVIR

… Estoy en ello