TESINAS      
     

MARIANA BARRIOS


UN CANTO A LA VIDA

El primer instrumento que construyó el hombre fue el tambor, lo utilizó en ceremonias, ritos, celebraciones, básicamente para comunicarse. Pero en realidad el primer instrumento musical ha sido el cuerpo humano, la sonoridad desde su interior ha hecho eco en la historia.
De dentro hacia fuera y de fuera hacia adentro, así nos hemos manejado desde los comienzos. Si bien se ha producido un desequilibrio entre lo que es fuera y lo que es dentro, hay una memoria profunda que nos retintinea en el cuerpo y que nos empuja a buscar.
Yo he vivido toda mi vida buscando, sin saber que era lo que esperaba encontrar. Los caminos me llevaron por sendas diversas. Pero todos ellos con un matiz común, el destello de la creatividad. Necesitaba sentir que estaba creando, un diseño, una canción, un poema, un relato, una idea, un plan…
Me fascina la manera en que las piezas se van colocando en el puzzle de mi vida, me sorprendo, y cada vez con más frecuencia, de la maravillosa sincronización de este universo. Basta con que nos coloquemos de pie, con los pies en el suelo y nos detengamos unos minutos a contemplar nuestro interior, algo tan simple como escuchar nuestra respiración, para ver que en realidad ya no me es cómodo dejarme arrastrar por la corriente de la rutina, de la espera o de la salvación.
Como decía, somos y hemos sido el primer instrumento, a los cuatro días de fecundación lo que se forma es la cabeza, basta con ver una ecografía de un embrión para ver su forma, con lo cual el oído es el primer sentido que se desarrolla, o el primero que comenzamos a usar por llamarlo de alguna manera. El oído interno formado por una membrana muy fina es el encargado de recibir y transformar la información desde el exterior a una frecuencia altísima. Aquí tenemos la primera vivencia de nuestra caja de resonancia, unida por supuesto a la del cuerpo que nos está creando, la Madre. El vínculo más profundo que tiene el ser humano.
A medida que nos vamos desarrollando, esta relación con el medio, será la determinante de nuestro estar en la vida. A mayor resonancia con lo que nos rodea y con nosotros mismos mejor estará afinado nuestro instrumento, el cuerpo, con lo cual habrá mayor placer en nuestras vidas. Las estrategias para sobrevivir serán menores y por eso seremos seres más libres.
Pero como el ruido está en todas partes, justamente para que podamos disfrutar más de los sonidos armónicos o del mismo silencio, este ruido será el que nos distancie de esa libertad. Esta disarmonía de la esencia es la que se puede observar en las consecuencias energéticas, emocionales e intelectuales.
Algunos sintonizan su cuerpo a través de la meditación, otros a través de la alimentación, del ejercicio, la danza, otros con la observación del pensamiento, y todas estas formas son viables para la auto-observación y el darnos cuenta, yo propongo afinar nuestro instrumento a través de la voz.
A veces pensamos que la creación de música sólo es para los virtuosos, y así nos alejamos de su esencia, quedándonos solamente con los superficial, quedándonos solamente con el me gusta o no me gusta. Aunque esto no es del todo cierto. La música tiene la virtud de meterse, aunque no nos demos cuenta, en las profundidades de nuestro ser y tocarnos el alma.
El canto parece ser el don de algunos pocos, y esto está muy lejos de la realidad. Pensemos en esto unos segundos. ¿Cuantos de nosotros nos ponemos frente al espejo y cantamos en secreto? Es que en el fondo sabemos lo que necesitamos, solo hay que abrirse y captar las señales.
¿Qué pasaría si nos abrimos a explorar usando la luz de la música para iluminar nuestro camino?
El trabajo de esta tesina ha puesto luz en mi camino, yo he trabajado con la música, la he cantado, la he vivido y la he sentido, pero cuanto más me adentro en las profundidades de mi conciencia más luminoso parece todo.

Dejemos pasar el sonido, atravesándonos, porque no puede ser de otra manera ya que somos energía.
Dejémosla pasar concientes de su efecto en nosotros.
Sumerjamos en ella como quien se arroja al mar y se deja empapar de su frescura.
Está ahí para nosotros porque nosotros somos la música.
Un canto a la Vida